Ministerio de la Mujer

Dia de la Mujer: Verdaderas Princesas

La Estrategia de la verdadera princesa

Las mujeres son conocidas por “actuar con el corazón” y hay cierto orgullo en ser emocional y responder con sensibilidad a las adversidades. Todavía es necesario recordar que


Grite menos, piense más, espere y trace planes. Controlar las emociones, guiar el comportamiento por la razón y no por el calor de la palpitación puede ser la solución para rupturas precipitadas, para heridas irreversibles y para tanto sufrimiento provocado por la ira. Infelizmente, sacando el mundo corporativo, la mayoría de las mujeres entienden la estrategia, o ser estratega, como algo malo, porque lo asocian a ser maquiavélico, en el sentido malo del término. ¡Olvide esto! Para llegar al lugar que usted desea, construir la relación de sus sueños o hasta trazar su futuro profesional, un poco (o mucho) de estrategia va muy bien, ¡gracias! Además de eso, la vida espiritual se puede valer, y mucho, de algún planeamiento en este sentido, en lugar de vivir de ondas emocionales guiadas por llamados en sermones o músicas que exacerban los sentidos.

En una proporción gigante, una mujer y su primo usaron un plan estratégico para salvar a todo un pueblo amenazado de exterminio. Esto corriendo riesgo de muerte, siendo minoría étnica y religiosa en el territorio en cuestión y en la condición social más baja posible. Si Ester, de huérfana extranjera y pobre se transformó en salvadora de una nación, repiense sus desafíos y aprenda con ella qué hacer en la hora de la tensión.

Noble, gentil y sonriente

“Educada, con una postura noble, muy gentil y sonriente, ella enseguida me ganó cuando llegó aquí con todas las otras jóvenes. No fue difícil quedar encantado con Ester”, describe Hegai, jefe del harén del palacio, que puso a Ester en los mejores aposentos y atendió sus preferencias alimentarias, aun sin saber que las restricciones eran por causa de su religión y fe en Dios. Todo esto porque las jóvenes en cuestión estaban en un tratamiento que duraría un año, cuando entonces el rey Asuero elegiría una de las vírgenes para ser la nueva reina de Persia, una vez que destituyó a Vasti, la soberana anterior. Autoritario, déspota y conquistador implacable, él traía gobernantes de todo el mundo a ver la maravilla del reino, las construcciones de las ciudades que formaban su imperio. En una de estas visitas largas, Jerjes, como también era conocido, promovió una gran fiesta, sólo para los hombres y allá de repente, todos embriagados, él resolvió exhibir también a su bella reina que se rehusó a rebajarse a ese nivel.

Se produjo una confusión, porque aunque todos supieran que sería degradante que ella se expusiera en aquel ambiente y situación, también sabían que no se podría desobedecer una orden del rey sin consecuencias graves. Según Memucán, uno de los ministros de la corte, el rey quedó muy airado y quería un consejo de cómo proceder. “Yo creo que es una falta de respeto al rey y a nosotros, como autoridades, que ella se haya rehusado. Peor aún: un pésimo ejemplo para todas las mujeres, porque en el mismo día todas las esposas estarían sabiendo de la negativa de ella a obedecer, ¿y cómo quedaríamos? Totalmente sin autoridad en casa y en las calles. Tenía que ser depuesta, como forma de castigo y de ejemplo para toda la nación y para la Historia; y fue lo que él hizo”, informa el hombre, todavía indignado al recordar lo ocurrido.

Fue en este contexto, siendo obligada por decreto real, que Ester terminó entre la selección de vírgenes del harén real, a la expectativa de agradar o no para convertirse en la futura reina, cosa con la cual ella ni podía soñar, ni siquiera en las posibilidades más remotas. Con todo, por causa de los riesgos que corrían, su primo, su padre adoptivo, le advirtió que no dijera que era judía, pues podría poner en riesgo su vida.

“A veces es mejor quedar en silencio sobre algunas cosas y dejar que su vida y su comportamiento hablen más fuerte. Fue por esto que la orienté así y confié en la educación que le di a ella”, argumenta el hombre diferente que terminaron jurándole la muerte por no inclinarse ante el primer ministro Hamán, cuando esto había sido una orden directa del rey. Él explica que el problema no era inclinarse ante una autoridad, sino exaltar a alguien del linaje de Agag, o sea, un enemigo del pueblo de Dios.

“Soy fiel a las autoridades constituidas y siempre fui leal a mi rey, como cuando supe que tramaban su muerte y lo denuncié por medio de Ester. La cuestión con Hamán era otra, era de orden espiritual y entre Dios y el gobierno, elegí a Dios, porque un judío jamás podría reverenciar a un amalecita”, aclara humildemente, haciendo referencia al primer pueblo que atacó a los hebreos, recién liberados de Egipto.

Para una situación como ésta

Mientras esto sucedía en la corte, Ester había sido elegida por Asuero como su reina y disfrutaba de privilegios, aunque mantuviese su humildad y fidelidad a Dios. Fue en este contexto de privilegio, pero también de sumisión al rey, que ella se enteró del complot de Hamán para matar a todo su pueblo, porque él no sabía que justamente la reina era judía. Dada la orden real, no se podría hacer más nada y ella podría decirse incapaz de resolver y mantenerse segura en silencio en cuanto a su origen. “Cuando mi tío vino a contarme toda la trama, el riesgo que todos corrían, dejó bien claro que Dios podría proveer la liberación, pero que tal vez la liberación de él sería justamente usarme como instrumento”, se emociona la reina al recordar.

El tío había explicado todo por escrito y Ester había respondido sobre el miedo que tenía, porque si entraba en la presencia del soberano sin ser llamada, podría morir. ¡Era la ley! Pero, la carta que recibió le recordaba su llamado: “No pienses que por vivir en el palacio sólo tú, de todos los judíos, escaparás de la muerte. Si te quedas callada en una situación como ésta, del Cielo vendrá el socorro y la ayuda para los judíos y ellos serán salvos, pero tú morirás y la familia de tu padre desaparecerá. Pero, ¿quién sabe si tú has sido hecha reina justamente para ayudar en una situación como ésta?”.

Es aquel momento de todo o nada donde actuar por impulso sólo estorbaría y ella fue estratégica, pero antes reunió a sus siervas y pidió a su padre adoptivo que pusiera a todo el pueblo a ayunar y orar por ella, pidiendo la sabiduría de Dios. “No fue valentía, fue confianza de que Dios actuaría, por esto le dije a Mardoqueo: si yo muero, que muera… pero moriría intentando”, enfatiza Ester.

Ella fue a la presencia del rey, que de tanto amarla y reconocer en ella sumisión y fidelidad, extendió su cetro para mostrar su agrado y aceptó la invitación a cenar, junto con el primer ministro, en las habitaciones de ella. “Era visible cómo Hamán estaba envanecido por haber sido invitado; después de todo, era una honra. Mi voluntad era escupir en su rostro, pero con la estrategia en mi cabeza, tuve fuerza para controlar mis impulsos y seguir el plan de conquistarlos a ambos, tanto que el rey me ofreció la mitad del reino de regalo como demostración de amor y aprobación, pero yo quería otro Reino”, recuerda. En la segunda invitación Hamán estaba todavía más envanecido; al final, era doblemente honrado por la reina y no esperaba que en la agradable cena ella le contara al rey todo lo que pasaba en la corte, las intrigas y el riesgo de ella misma ser muerta, porque se levantaría con su pueblo. “Él preguntó de nuevo qué quería yo, como un gran regalo. Fue ahí que noté la oportunidad perfecta de decir que quería que él salvara mi vida y la de mi pueblo, porque habíamos sido vendidos para la muerte y él quedó aturdido por la rabia cuando descubrió que era Hamán y cuando éste se arrodilló a mis pies implorando que yo lo salvara”, describe Ester.

Vivir para adorar a Dios

La parte de Ester fue hecha y lo que siguió fue una inversión total de los planes. Los honores para sí mismo por los que Hamán había luchado, tendría que pasarlos a Mardoqueo, que ahora veía que la horca que fuera levanta para él sería usada para su verdugo. Aunque la palabra del rey no se pudiera deshacer, todo judío fue autorizado a matar para defenderse y a tomar las riquezas de quien los atacase. “Pero mi pueblo no tomó ninguna riqueza. Queríamos que toda la sociedad percibiera que sólo deseábamos vivir y poder adorar libremente a nuestro Dios, y después de esta red de intrigas, muchos se volvieron al Dios todopoderoso, porque percibieron que él guía y protege a sus hijos”, enfatiza Mardoqueo.

Desde entonces comenzó la celebración de la Fiesta de Purim, con una carta oficial de Mardoqueo y de la reina Ester, instituyendo la celebración de la liberación de los judíos y recordando el momento de angustia que todos pasaron. Elevado y exaltado por el rey, ahora el primo-padre podría convivir aún más cerca de Ester, porque en toda Media y Persia se sabe de la grandeza de Mardoqueo y de la admiración que todos tienen por él y por su hija Ester.

¿Lo sabía?

  • ¿Que el libro de Ester abarca 18 años del reinado del rey persa Asuero, o Jerjes I, según los historiadores?
  • ¿Jerjes I reinó de 486 a 465 a.C y era hijo de Darío el Grande, que dominó la India y el este europeo en su imperio?
  • ¿Que la palabra Dios no es mencionada en ninguno de los 10 capítulos del libro, lo que es curioso, ya que es posible notar su actuación en todo el desarrollo de la historia?
  • ¿Que el versículo más largo de la Biblia está en Ester 8:9 con 80 palabras?
  • ¿Que Ester es un nombre persa, cuya versión hebrea es Hadasa?
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