Iglesia Adventista del Séptimo Día – Institucional

Los Adventistas y la Política

Como adventistas del séptimo día, esperamos el pronto regreso de nuestro Señor Jesucristo y ansiamos la patria eterna, de la cual Dios es el “arquitecto y constructor” (Hebreos 11:10). Aceptamos igualmente el desafío de ser “la sal de la tierra” y “la luz del mundo” (Mateo 5:13-14). De esta manera, asumimos tanto el compromiso de predicar el evangelio, con sus valores eternos, como el deber de ser relevantes y servir a las comunidades en las que estamos inmersos, haciendo de ellas un lugar mejor.

“Desde sus mismos comienzos, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha procurado seguir el ejemplo de Cristo y abogar por la libertad de conciencia como parte integral de su misión evangélica. A medida que se amplía el papel de la iglesia en la sociedad, se vuelve cada vez más oportuno especificar los principios que guían a la iglesia mundial en sus relaciones con los Gobiernos de las naciones en las que se halla presente” (Declaraciones, orientaciones y otros documentos, p. 190). Por lo tanto, como iglesia estamos decididos a cumplir nuestros deberes institucionales e individuales, desarrollando relaciones saludables con los Gobiernos establecidos.

Este documento fue preparado para servir como guía concisa y unificada sobre el pensamiento de la iglesia en cuanto a las cuestiones políticas. Este será útil para pastores, servidores y miembros, pues indicará la posición adecuada en esa esfera. No pretende sustituir los consejos divinos y sí expresar claramente la comprensión que la iglesia tiene actualmente acerca de la relación institucional con los poderes públicos y los asuntos políticos, así como también los deberes de sus miembros como ciudadanos.

Los adventistas y la política partidaria

Existen algunos principios fundamentales que rigen la posición de la Iglesia Adventista del Séptimo Día sobre la política. Uno de ellos es el principio de la separación entre la Iglesia y el Estado, lo que lleva a cada una de esas entidades a cumplir sus respectivas funciones sin interferir en las actividades de la otra. La iglesia cree que adoptar una postura que no involucre afiliación partidaria o cualquier tipo de compromiso con los partidos políticos es una de las maneras de mantener ese principio. Tal práctica debe ser la guía no solo de la organización adventista en todos sus niveles administrativos, sino también de las instituciones mantenidas por esta, sus pastores y sus servidores.

La iglesia encuentra, en las enseñanzas de Cristo y de los apóstoles, base segura para evitar cualquier militancia político-partidaria institucional. El cristianismo apostólico cumplió su misión evangélica bajo las estructuras opresoras del Imperio Romano sin volverse contra ellas. El propio Cristo afirmó que su reino “no es de este mundo” y que, por consiguiente, sus “ministros” no empuñan banderas políticas (Juan 18:36). Cualquier posicionamiento o compromiso con etiquetas partidarias dificultaría la predicación del evangelio eterno a todos indistintamente.

Por otro lado, la Biblia no exime a la comunidad de creyentes de los deberes civiles, y eso es evidente en la orden de Jesús: “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Marcos 12:17). El Nuevo Testamento presenta varias orientaciones con respecto al deber cristiano de reconocer y respetar a los Gobiernos y a las autoridades (Romanos 13:1-7; Tito 3:1, 2; 1 Pedro 2:13-17). Solamente cuando los poderes temporales imponen la transgresión a las leyes divinas es cuando el cristiano debe asumir la postura de “obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).

Por lo tanto, la Iglesia Adventista del Séptimo Día:

  1. Reconoce las obligaciones del ejercicio de la ciudadanía, pero no posee ni mantiene a partidos políticos, no se afilia a ellos ni destina recursos a actividades de esa naturaleza. Por adoptar una postura no partidista, ella respeta a las autoridades constituidas, pero no participa de cualquier actividad político-partidaria.
  2. Entiende la importancia del proceso democrático, pero no permite que en sus templos se realicen reuniones con finalidad electoral, ya sea para promoción de candidatos (miembros y no miembros de la iglesia) o de partidos políticos.
  3. Respeta a las personas electas para los diferentes cargos públicos, pero no posee una banca parlamentaria, no invierte en la formación de líderes partidarios, ni trabaja para ese fin.

Los adventistas y las elecciones

Los adventistas reconocen la autoridad y la influencia de la vida y la obra de Elena de White, mensajera y cofundadora de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Sus escritos no sustituyen la Biblia, pero han servido para ampliar la comprensión de las Sagradas Escrituras. Eso ocurre también con los asuntos relacionados con la esfera pública.

En uno de sus diarios, ella registró que, en cierta reunión, los pioneros adventistas analizaron durante un tiempo considerable la cuestión de votar. Después de que se expresaron algunas opiniones, ella escribió: “Creen que es correcto votar por la elección de hombres temperantes para los cargos administrativos de nuestra ciudad en vez de correr el riesgo, por su silencio, de que se elija a personas intemperantes para esos puestos” (Mensajes selectos, t. 2, p. 388).

En otra oportunidad, encontramos que Elena de White asume una clara posición sobre la participación de los miembros de iglesia en la elección de los candidatos que pudieran favorecer la aprobación de leyes que combatieran la venta de bebidas alcohólicas. En esta ocasión, ella destacó que cada cristiano tiene la responsabilidad de ejercer toda la influencia posible con el fin de establecer leyes para contener esa actividad destructiva de la salud y las familias. Ella escribió: “Cada persona ejerce una influencia en la sociedad. En nuestro favorecido país, cada votante tiene voz para determinar qué leyes regirán la nación. ¿No deben esa influencia y ese voto ser echados del lado de la temperancia y de la virtud?” (Obreros evangélicos, p. 401).

Estos textos dejan en claro que cada adventista debe ejercer el derecho o el deber de votar usando esa prerrogativa para escoger personas que promuevan conceptos en favor de la salud y de la calidad de vida. Claramente, eso involucra preferencia por candidatos que también promuevan otros principios y valores bíblicos practicados y defendidos por los adventistas, y que se pueden convertir en un beneficio para toda la población.

Por lo tanto, la Iglesia Adventista del Séptimo Día:

  1. Recomienda que sus miembros cumplan el derecho y el deber de votar, siempre que en esas ocasiones no haya ninguna incompatibilidad con los principios bíblicos defendidos por la iglesia.
  2. Orienta que sus miembros voten de acuerdo con la conciencia individual, que elijan candidatos que defiendan los principios de calidad de vida y salud, del modelo bíblico de familia, de los valores éticos y morales, de la libertad religiosa, y de la separación entre la Iglesia y el Estado.
  3. Determina que pastores, servidores de la organización, líderes locales y miembros no promuevan candidatos en cultos de la iglesia, ya sea en sus sedes administrativas, unidades educativas, de salud, o en cualquier otro tipo de instituciones.
  4. Veda el uso del diezmo y de cualquier otro recurso para financiar candidatos, campañas electorales o partidos políticos.
  5. Repudia y no autoriza que se reciban ventajas o beneficios personales o institucionales ilícitos, indebidos o en desacuerdo con los reglamentos eclesiástico-administrativos. Para conocer los criterios oficiales de la iglesia sobre condiciones para la recepción de fondos gubernamentales, leer el tema que trata de ese asunto en el libro Declaraciones, orientaciones y otros documentos, página 193.
  6. No usa, no proporciona ni autoriza el suministro de datos de registros o de cualquier naturaleza para el envío de propaganda electoral a sus miembros.
  7. No autoriza la impresión de propaganda o material de cuño político en sus editoras, ni el uso del espacio publicitario en sus periódicos de distribución para propaganda electoral. Tampoco está autorizado el uso de Internet, la radio, la televisión y las publicaciones de la iglesia y sus instituciones para ese mismo fin, salvo cuando sean impuestas obligatoriamente por ley, como en el caso de la radio y la TV Nuevo Tiempo.
  8. No autoriza el uso del espacio físico de templos adventistas y de sus instituciones para pegar carteles o propaganda partidaria electoral. No aprueba que se realicen encuentros o reuniones convocados por pastores o empleados con propósitos político-partidarios, ya sea en ambientes públicos o privados.
  9. Determinará, clara y expresamente, quién debe hablar en nombre de la iglesia para comunicarse con organismos de prensa y demás medios. Pastores y empleados, editores de las casas publicadoras, presentadores de la radio y la TV Nuevo Tiempo, periodistas, asesores de prensa y comunicadores no están autorizados a escribir, publicar o hablar en nombre de los Adventistas sobre temas políticos y deben tener constante cuidado para no dar declaraciones que demuestren preferencias por ideologías, candidatos o partidos.

Candidatos que son adventistas

Entre los derechos del cristiano adventista en el ejercicio de su ciudadanía está el de ocupar cargos públicos electivos o no. El Antiguo Testamento menciona ejemplos de personas que ejercieron funciones de gran proyección en los Gobiernos de su época. Por ejemplo, José fue el primer ministro de Egipto (Génesis 41:38-46), y al ser colocado por Dios sobre el trono de ese país se mantuvo “puro y sin mancha en la corte del rey” y fue “un representante de Cristo” para los egipcios (Patriarcas y profetas, p. 385). Daniel ejerció importantes cargos gubernamentales en Babilonia bajo el reinado de Nabucodonosor, Belsasar, Ciro y Darío, con lealtad incondicional a los principios divinos.Él y sus compañeros fueron embajadores del verdadero Dios en las cortes de esos reyes.

Es interesante notar que José y Daniel fueron nombrados para funciones públicas directamente por los propios monarcas. Hoy, en la mayoría de las democracias modernas, los oficiales públicos pueden ser nombrados o elegidos por votación popular. La Iglesia Adventista del Séptimo Día respeta la decisión de sus miembros de ocupar cargos públicos, ya sea por proceso electoral como por nominación directa. Reconoce también que, como en los tiempos de José, Daniel y Ester, la sociedad puede ser beneficiada por el buen ejemplo de políticos religiosos que ejerzan su actividad dignamente, sin comprometer principios cristianos, al mismo tiempo que dan un buen testimonio de la fe y promueven los valores bíblicos.

Por lo tanto, la Iglesia Adventista del Séptimo Día:

  1. Determina que los candidatos que son adventistas no usen el púlpito ni programas oficiales de la iglesia para pedir votos.
  2. Solicita que los miembros que se candidateen para cargos públicos electivos dejen sus funciones en la iglesia local durante el período de campaña.
  3. Determina que los pastores y los servidores que decidan lanzar su candidatura se desvinculen obligatoriamente del trabajo en la organización adventista.
  4. No posee ni lanza candidatos. Incluso si los miembros adventistas compiten por el mandato electivo, serán candidatos del partido político al que se han afiliado y nunca candidatos de la Iglesia Adventista.
  5. Cuando surjan situaciones en las cuales candidatos, miembros de iglesia o no, en el ejercicio del mandato, estuvieren concurriendo a la reelección o a cualquier otro cargo público electivo, serán tratados de acuerdo con las orientaciones de este documento.
  6. No apoya ningún tipo de campaña para elegir candidatos; sin embargo, admite la posibilidad de que los administradores de Asociación/Misión o Unión informen a los líderes eclesiásticos locales (pastores y ancianos) sobre la candidatura de miembros adventistas, en circunstancias que no contraríen las directrices de este documento.
  7. No autoriza que sus miembros, ya sean oficiales públicos, candidatos o aquellos que ya hayan sido electos, representen o hablen en nombre de la Iglesia Adventista en el ejercicio de sus funciones.

Manifestaciones públicas

La creciente ola de manifestaciones exige reflexión y respuestas sobre las siguientes cuestiones: Los cristianos ¿deberían participar de estos actos públicos? Los pastores y los servidores de la organización adventista ¿deberían salir a las calles y apoyar las protestas populares?

Como iglesia, respetamos el derecho de expresión y las reivindicaciones pacíficas y legítimas, porque también hemos salido a las calles para llamar la atención, por ejemplo, contra la violencia, por medio del proyecto Rompiendo el silencio y otras actividades. Por lo tanto, no pensamos que esté mal defender pacíficamente las ideas y los ideales. Sin embargo, estamos en contra de toda forma de expresión que utilice la violencia física o verbal, el vandalismo, la destrucción del patrimonio público o privado.

La Iglesia Adventista debe asumir el papel en la sociedad como una organización activamente involucrada en cuestiones pertinentes a los intereses y las necesidades de los ciudadanos. Reconoce también el desafío de ser relevante y marcar la diferencia en la vida de las personas y de las comunidades en las que está presente. En cuanto a las cuestiones que incluyen desigualdad e injusticia social, la iglesia apoya, participa y realiza proyectos sociales y educativos que benefician la vida comunitaria. Sus varios frentes de atención incluyen a ADRA (Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales), ASA (Acción Solidaria Adventista), escuelas, colegios y universidades, entre otros programas promovidos por los varios departamentos e instituciones de la iglesia. Sin embargo, busca actuar sin estar en conflicto con los principios bíblicos ni protestar contra ideologías y autoridades constituidas.

La Biblia orienta a los creyentes a que oren en favor de las autoridades y de las ciudades, buscando siempre la paz (Jeremías 29:7; 1 Timoteo 2:2). Para los adventistas, más que protestar y reivindicar, la misión es proclamar. Nuestra fuerza no debe estar en las manifestaciones, sino en trabajar por el bien de las personas y anunciar el regreso del Señor Jesús.

Por lo tanto, la Iglesia Adventista del Séptimo Día:

  1. Reconoce su deber de atender las necesidades de las personas, ejerciendo así un papel de institución servidora, siendo relevante para la sociedad y marcando la diferencia en el contexto donde está inserta.
  2. Recomienda que los responsables que organicen actividades públicas actúen con cuidado y prudencia para que esos eventos sean pacíficos y tengan como único objetivo llamar la atención a las conductas compatibles con los principios cristianos, sin violencia y sin vandalismo. Por eso, no recomienda a sus miembros y no autoriza a sus pastores y empleados que participen en manifestaciones públicas de cuño político.
  3. Incentiva a que sus miembros oren en favor de las ciudades y las autoridades.
  4. A pesar de ser no partidista, reconoce la necesidad de tratar constantemente con representantes de los poderes públicos, y por eso mantiene su postura de relación adecuada con las autoridades constituidas, para que el funcionamiento de la estructura institucional sea garantizado, teniendo como único propósito el cumplimiento de la misión.
  5. De no haber conformidad con las recomendaciones y las determinaciones de este documento, los casos serán analizados por la institución o la iglesia local a la que pertenecen los involucrados.

Conclusión

Como cristianos, reconocemos el papel legítimo de los Gobiernos organizados en la sociedad, respetamos el derecho del Estado a legislar en las cuestiones seculares y consentimos con esas leyes, cuando no estén en oposición a los preceptos divinos. Entendemos que nuestros miembros deben asumir responsabilidades civiles con seriedad, y ejercer el papel de ciudadanos, sin olvidarse de la ciudadanía celestial.

Sin desmerecer las cuestiones políticas y su importancia, entendemos que es un deber darle el enfoque debido a nuestro verdadero papel, que es desarrollar prácticas que resulten en el fortalecimiento de la fe y promuevan la esperanza en el inminente regreso de Jesús. Reconocemos que la vocación de predicar el evangelio incluye ejecutar acciones de solidaridad que expresen el amor al prójimo y lleven alivio al sufrimiento humano. Por eso, todo esfuerzo y toda energía deben ser canalizados en el servicio desinteresado en favor de las personas, lo que revela un profundo interés en su salvación. Nuestra oración debe ser: “Ven, Señor Jesús” (Apocalipsis 22:20).


Este documento fue preparado en armonía con las declaraciones oficiales de la iglesia, conforme al contenido del capítulo “La relación entre la Iglesia y el Estado” (Declaraciones, orientaciones y otros documentos, pp. 190-195), adoptado por la iglesia mundial en marzo de 2002, y sirve de directriz y referencia para el departamento de Asuntos Públicos y Libertad Religiosa.

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