Escuela Sabática

¿QUIÉN ES EL HOMBRE DE ROMANOS 7? | Lección 8: Para el 25 de noviembre de 2017

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Romanos 7.

PARA MEMORIZAR: “Ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que está- bamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra” (Rom. 7:6).

POCOS CAPÍTULOS DE LA BIBLIA han generado más controversia que Romanos 7. En cuanto a los temas involucrados, el Comentario bíblico adventista dice: “El signi cado de los versículos 14 al 25 ha sido uno de los problemas más debatidos de toda la epístola. Las preguntas básicas han girado en torno a dos aspectos: hasta qué punto la descripción de una lucha moral tan intensa puede ser autobiográ ca, y si así fue, si dichos versículos se re eren a la vida de Pablo antes o después de su conversión. Que Pablo está hablando de su propia lucha personal con el pecado, resulta evidente por el signi cado obvio de sus palabras (cf. vers. 7-11, CC 15, JT 1:403). Pero también es igualmente cierto que está describiendo un con icto que en forma más o menos pronunciada es experimentado por toda alma que se enfrenta a las demandas espirituales de la santa Ley de Dios, y las reconoce” (CBA 6:529, 530).
Los estudiosos de la Biblia di eren en cuanto a si Pablo tuvo la experiencia de Romanos 7 antes o después de su conversión. Lo importante es que la justicia de Jesús nos cubre y que en ella somos perfectos delante de Dios, que promete darnos la victoria sobre el pecado y conformarnos a “la imagen de su Hijo” (Rom. 8:29).

MUERTOS EN LA LEY

Lee Romanos 7:1 al 6. ¿Qué ilustración usa Pablo para mostrarles a sus
lectores su relación con la Ley y qué quiere enfatizar con esa ilustración?

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La ilustración de Pablo en Romanos 7:1 al 6 está bastante relacionada con su ra- zonamiento, pero un análisis cuidadoso del pasaje nos ayudará a entenderlo mejor. En el contexto general de la carta, Pablo está hablando del sistema de culto establecido en el Sinaí; al que se re ere con frecuencia con la palabra ley. Los judíos tenían di cultad en entender que este sistema, que Dios les había dado, debía terminar con la venida del Mesías. De eso se ocupaba Pablo: los creyentes judíos todavía no estaban dispuestos a abandonar lo que había sido una parte tan
importante de su vida.
En esencia, la ilustración de Pablo es la siguiente: una mujer está casada con
un hombre. La ley la une a él mientras viva. Durante su vida, ella no puede ser consorte de otros hombres. Pero cuando él muere, ella está libre de la ley que la unía a él (Rom. 7:3).

¿De qué forma aplica Pablo la ilustración de la ley del matrimonio al sistema del judaísmo? Rom. 7:4, 5.

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Así como la muerte de su marido libera a la mujer de la ley de su esposo, así la muerte de la antigua vida en la carne, mediante Jesucristo, libera a los judíos de la ley que se esperaba que guardaran hasta que el Mesías cumpliera sus tipos.
Ahora los judíos eran libres de “volver a casarse”. Recibieron la invitación a casarse con el Mesías resucitado y así dar frutos para Dios. Esta ilustración era una estrategia más que Pablo usaba para convencer a los judíos de que ahora estaban libres de abandonar el antiguo sistema.
Una vez más, teniendo en cuenta todo lo que Pablo y la Biblia dicen acerca de la obediencia a los Diez Mandamientos, no tiene sentido a rmar que Pablo les estaba diciendo a estos creyentes judíos que los Diez Mandamientos ya no eran obligatorios. Los que utilizan estos versículos para tratar de insistir con ese argu- mento (que se suprimió la Ley Moral) realmente no quieren decir exactamente eso de todos modos; lo que realmente quieren decir es que solo se suprimió el día de reposo sabático, no el resto de la Ley. Interpretar que Romanos 7:4 y 5 enseña que el cuarto Mandamiento ha sido abolido, suplantado o reemplazado por el domingo es darle un signi cado que nunca se pretendió que tuvieran esas palabras.

EL PECADO Y LA LEY

Si Pablo está hablando de todo el sistema de leyes del Sinaí, ¿qué podemos decir de Romanos 7:7, en el que menciona especí camente uno de los Diez Man- damientos? ¿No refuta la postura tomada ayer de que Pablo no estaba hablando de la abolición de los Diez Mandamientos?
La respuesta es “No”. Una vez más debemos tener en cuenta que la palabra ley, para Pablo, es todo el sistema introducido en el Sinaí, que incluía la Ley Moral entre otras. Por ende, Pablo podía citar de ella, al igual que de cualquier otra porción de toda la economía judía, para hacer sus comentarios. Sin embargo, cuando el sistema dejó de existir con la muerte de Cristo, eso no incluía la Ley Moral, que había existido incluso antes del Sinaí y que también existe después del Calvario.

Lee Romanos 7:8 al 11. ¿Qué enseña Pablo sobre la relación entre la Ley y el pecado?

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Dios se les reveló a los judíos, diciéndoles en detalle lo que estaba bien y lo que estaba mal en cuestiones morales, civiles, ceremoniales y de salud. También explicó los castigos por violar las distintas leyes. La violación de la voluntad reve- lada de Dios aquí se de ne como pecado.
Por ende, explica Pablo, él no habría sabido si era pecado codiciar sin que la “Ley” le informara ese hecho. El pecado es la violación de la voluntad revelada de Dios y, donde no hay conocimiento de la voluntad revelada no hay conciencia del pecado. Cuando esa voluntad revelada se da a conocer a una persona, esta se reconoce como pecadora, y está bajo la condenación y la muerte. En este sentido, la persona muere.
En consonancia con la argumentación de Pablo aquí y en toda esta sección, él está tratando de construir un puente para lograr que los judíos, que veneran la “Ley”, vean a Cristo como el cumplimiento de esa ley. Demuestra que la Ley era necesaria pero que su función era limitada. La Ley estaba destinada a mostrar la necesidad de la salvación; nunca pretendió ser el medio para obtener esa salvación.
“El apóstol Pablo, al relatar sus experiencias, presenta una importante verdad acerca de la obra que debe efectuarse en la conversión. Dice: ‘Yo sin ley vivía en un tiempo –no sentía ninguna condenación–; pero venido el mandamiento –cuando la Ley de Dios se manifestó con fuerza en su conciencia–, el pecado revivió y yo morí’. Entonces se consideró pecador, condenado por la Ley divina. Obsérvese que fue Pablo el que murió, y no la Ley”.–“Comentarios de Elena G. de White”, Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1.076.

¿En qué sentido has “muerto” ante la Ley? En ese contexto, ¿cómo puedes enten- der lo que Jesús ha hecho por ti al darte una nueva vida en él?

LA LEY ES SANTA

Lee Romanos 7:12. ¿De qué forma entendemos este versículo en el con-
texto de lo que Pablo ha venido analizando?

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Como los judíos veneraban la Ley, Pablo la exalta de todas las maneras posi- bles. La Ley es buena para lo que hace, pero no puede hacer lo que nunca es- tuvo destinada a hacer: salvarnos del pecado. Para eso necesitamos a Jesús, porque la Ley (ya sea todo el sistema judío o la Ley Moral en particular) no puede ofrecer salvación. Solo pueden Jesús y su justicia, que recibimos mediante la fe.

¿A quién culpa Pablo por su condición de “muerte”, y qué exonera? ¿Por qué es importante esta distinción? Rom. 7:13.
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En Romanos 7:13, Pablo presenta la “Ley” de la mejor manera posible. Decide culpar al pecado, no a la Ley, por su terrible condición pecaminosa; es decir, por su obrar con “toda codicia” (Rom. 7:8). La Ley es buena, porque es el patrón de conducta de Dios, pero como pecador Pablo está condenado ante ella.

¿Por qué el pecado tuvo tanto éxito en mostrar a Pablo como un pecador terrible? Rom. 7:14, 15.
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Carnal signi ca lascivo, o lujurioso. Por este motivo, Pablo necesitaba a Je- sucristo. Solo Jesucristo podía quitar la condenación (Rom. 8:1). Solo Jesucristo podía liberarlo de la esclavitud del pecado.
Pablo se describe a sí mismo como “vendido al pecado”. Es esclavo del pecado. No tiene libertad. No puede hacer lo que quiere. Él trata de hacer lo que la buena Ley le dice que haga, pero el pecado no se lo permitirá.
Con esta ilustración, Pablo estaba tratando de mostrar a los judíos su necesidad del Mesías. Ya había señalado que la victoria solo es posible bajo la gracia (Rom. 6:14). Este mismo pensamiento se vuelve a enfatizar en Romanos 7. Vivir bajo la “Ley” signi ca ser esclavo del pecado, un amo despiadado.

Según tu propia experiencia, ¿cómo te esclaviza el pecado? ¿Has tratado alguna vez de jugar con el pecado, pensando que podrías controlarlo a tu antojo, solo para encontrarte bajo un capataz vicioso y despiadado? ¡Bienvenido a la realidad! ¿Por qué, entonces, debes entregarte a Jesús y morir al yo a diario?

EL HOMBRE DE ROMANOS 7

“Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí” (Rom. 7:16, 17). ¿Qué lucha se presenta aquí?
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Al usar la Ley como espejo, el Espíritu Santo convence a una persona de que no agrada a Dios porque no cumple con los requerimientos de la Ley. Si se esfuerza para cumplir con esos requisitos, el pecador muestra que reconoce que la Ley es buena.

¿Qué puntos, que Pablo ya había tocado, repite por énfasis? Rom. 7:18-20.

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Para llamar la atención de una persona a su necesidad de Cristo, el Espíritu Santo a menudo la conduce a través de una experiencia al estilo del “Antiguo Pacto”. Elena de White describe la experiencia de Israel de la siguiente manera: “Los israelitas no se dieron cuenta de la pecaminosidad de su propio corazón, ni que sin Cristo les era imposible guardar la Ley de Dios; y con excesiva premura concertaron su pacto con Dios. Creyéndose capaces de ser justos por sí mismos, declararon: ‘Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos’ (Éxo. 24:7). […] Apenas unas pocas semanas después, quebrantaron su pacto con Dios al postrarse a adorar una imagen fundida. No podían esperar el favor de Dios por medio de un pacto que ya habían roto; y ahora sintieron su pecaminosidad y necesidad del Salvador revelado en el pacto de Abraham y simbolizado en los sacri cios. De manera que, mediante la fe y el amor, se vincularon con Dios como su libertador de la esclavitud del pecado. Ya estaban capacitados para apreciar las bendiciones del nuevo pacto” (PP 388).
Lamentablemente, al no renovar su dedicación a Cristo diariamente, muchos cristianos, de hecho, están sirviendo al pecado, por más que detesten admitirlo. Ellos racionalizan que, en realidad, están pasando por la experiencia normal de la santi cación y que simplemente todavía tienen un largo camino por recorrer. Por eso, en lugar de llevarle a Cristo los pecados conocidos y pedirle que les dé la victoria sobre ellos, se esconden detrás de Romanos 7, que les dice, según ellos piensan, que es imposible hacer el bien. En realidad, este capítulo está diciendo que es imposible hacer el bien cuando una persona es esclava del pecado, pero la victoria es posible en Jesucristo.

¿Obtienes las victorias sobre el yo y el pecado que Cristo nos promete? Si no, ¿por qué? ¿Cuáles son las malas decisiones que tomas?

SALVOS DE LA MUERTE

Lee Romanos 7:21 al 23. ¿Has tenido esta misma lucha en tu propia vida, incluso como cristiano?
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En este pasaje, Pablo compara la ley de sus miembros (su cuerpo) con la ley del pecado. “Con la carne”, dice Pablo, servía a “la ley del pecado” (Rom. 7:25). Pero servir al pecado y obedecer su ley implica la muerte (ver Rom. 7:10, 11, 13). Por lo tanto, su cuerpo (cuando funcionaba en obediencia al pecado) se lo podría describir apropiadamente como “este cuerpo de muerte”.
La ley de la mente es la Ley de Dios, la revelación que Dios hace de su voluntad. Bajo la convicción del Espíritu Santo, Pablo aceptó esta ley. Su mente decidió guardarla, pero cuando lo intentó no pudo porque su cuerpo quería pecar. ¿Quién no ha sentido esa misma lucha? En tu mente sabes lo que quieres hacer, pero tu cuerpo clama por algo más.

¿De qué modo podemos ser rescatados de esta difícil situación en la que nos encontramos? Rom. 7:24, 25.
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Algunos se han preguntado por qué, después de alcanzar el apogeo glorioso en la expresión: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro”, Pablo debe referirse una vez más a las luchas del alma de las que al parecer ha sido liberado. Algunos interpretan que la expresión de acción de gracias es una exclamación entre paréntesis. Creen que esa exclamación viene naturalmente después del grito: “¿Quién me librará?” Sostienen que antes de proceder con un amplio análisis de la gloriosa liberación (Rom. 8), Pablo resume lo que ha dicho en los versículos anteriores y reconoce una vez más el con icto contra las fuerzas del pecado.
Otros sugieren que, con “yo mismo”, Pablo quiere decir: “por mi cuenta, de- jando a Cristo fuera de escena”. Cualquiera que sea la interpretación de Romanos 7:24 y 25, hay algo que debe quedar en claro: por nosotros mismos, sin Cristo, somos indefensos contra el pecado. Con Cristo, tenemos vida nueva en él, en la que (si bien el ego aparecerá constantemente) las promesas de victoria son nuestras si decidimos reclamarlas. Así como nadie puede respirar, toser ni estornudar por ti, nadie puede decidir entregarse a Cristo por ti. Solo tú puedes tomar esa decisión. No hay otra manera de obtener para ti las victorias que se nos han prometido en Jesús.

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: “En la transgresión de la Ley, no hay segu- ridad ni reposo ni justi cación. El hombre no puede esperar permanecer inocente delante de Dios y en paz con él mediante los méritos de Cristo mientras continúe en pecado” (MS 1:250).
“Pablo desea que sus hermanos comprendan que la gloria de un Salvador que perdona los pecados daba signi cado a todo el sistema judío. Deseaba también que comprendieran que, cuando Cristo vino al mundo y murió como sacri cio a favor del hombre, el símbolo se encontró con la realidad simbolizada.
“Después de que Cristo murió en la Cruz como ofrenda por el pecado, la ley ceremonial ya no podía tener vigencia; sin embargo, estaba relacionada con la Ley Moral y era gloriosa. El conjunto llevaba el sello de la Deidad, y expresaba la santidad, justicia y rectitud de Dios. Y, si fue glorioso el ministerio de la dispensación que iba a desaparecer, ¿cuánto más debía ser gloriosa la realidad cuando Cristo fue revelado al dar su Espíritu vivi cador y santi cador a todos los que creen?–“Comentarios de Elena G. de White”, Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1.095.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
“En 7:25, el apóstol escribe: ‘Yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado’. Este es el pasaje más claro de todos y de él aprendemos que una misma persona (creyente) sirve al mismo tiempo a la Ley de Dios y a la ley del pecado. Es al mismo tiempo justi cado, no obstante pecador (simul iustus est et peccator); porque no dice: ‘Mi mente sirve a la Ley de Dios’; ni dice: ‘Mi carne sirve a la ley del pecado’; sino que dice: ‘Yo mismo’. Es decir, todo el hombre, la misma persona, está en esta doble servidumbre. Por esta razón, le agradece a Dios por servir a la Ley de Dios y le ruega misericordia por servir a la ley del pecado. Pero nadie puede decir que una persona carnal (inconversa) sirve a la Ley de Dios. El apóstol quiere decir: Como verán, es así como dije antes: los santos (creyentes) son pecadores y al mismo tiempo son justos. Son justos porque creen en Cristo, cuya justicia los cubre y les es imputada. Pero son pecadores por cuanto no cumplen la Ley, y todavía tienen deseos pecaminosos. Son como los enfermos que son atendidos por un médico. Están realmente enfermos, pero esperan mejorar, y ya están empezando a sentirse bien. Están a punto de recuperar la salud. El mayor daño que podrían sufrir estos pacientes es a rmar con arrogancia que están bien, porque sufrirían una recaída que es peor (que su primera enfermedad)”.–M. Lutero, Commentary on Romans, pp. 114, 115. ¿Estás de acuerdo con lo que dice Lutero o disientes de él? Fundamenta tus respuestas en la clase.

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