Escuela Sabática

EL EVANGELIO Y LA IGLESIA | Lección 13: Para el 23 de septiembre de 2017

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: Gálatas 6:1–10, Mateo 18:15–17, 1 Corintios 10:12, Romanos 15:1, Juan 13:34, Luc. 22:3.

PARA MEMORIZAR: “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gál. 6:10).

“Algunos granjeros decidieron quedarse con las hortalizas más grandes y plantar las más pequeños como semillas. Después de algunas cosechas decepcionantes, descubrieron que la naturaleza había reducido sus cultivos al tamaño de canicas. Gracias a este desastre, aquellos granjeros aprendieron una importante ley de la vida.

“No podían quedarse con las mejores cosas de la vida y usar las sobras como semillas. La ley de la vida decretaba que la cosecha reflejaría lo que se plantaba.

“En otro sentido, plantar [hortalizas] pequeñas sigue siendo una práctica común. Tomamos las grandes cosas de la vida para nosotros y plantamos las sobras. Esperamos que por algún loco milagro de las leyes espirituales, nuestro egoísmo sea recompensado con generosidad”.—International Student Fellowship Newsletter, marzo de 2007.

Pablo aplica este principio en Gálatas 6:1 al 10. En vez de que los miembros se estén “mordiendo y comiendo unos a otros” (ver Gál. 5:15), la iglesia debería ser un lugar en el que el Espíritu nos lleve a poner a los demás delante de nosotros. Entender que somos salvos por gracia debería hacernos humildes y más pacientes y compasivos en nuestro trato con los demás.

RESTAURAR AL CAÍDO

 

Aunque Pablo tiene grandes expectativas para la naturaleza de la vida cristiana (Gál. 5:16), su consejo para los creyentes en Gálatas 6:1 también es sumamente realista. Los seres humanos no son perfectos, ni siquiera los cristianos más aplicados son inmunes a los errores. En griego, las palabras de Pablo en Gálatas 5:16 indican que está viendo una situación que seguramente ocurrirá en la iglesia en algún momento. Pablo les da consejos prácticos a los gálatas sobre cómo tratar con ese tipo de situaciones cuando surjan.

 

¿De qué manera debieran reaccionar los cristianos cuando otro creyente cae en algún tipo de comportamiento pecaminoso? Gálatas 6:1; Mateo 18:15 al 17.

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Para beneficiarnos con el consejo de Pablo en Gálatas 6:1, debemos entender exactamente la situación que tiene en mente. Esta gira en torno a dos palabras utilizadas en la primera parte del versículo. La primera palabra es “sorprendido”. Significa literalmente “detectar, descubrir, superar”. El contexto y las diferentes sutilezas asociadas con esta palabra sugieren que Pablo tiene dos aspectos en mente. Se refiere no solamente a un creyente que “sorprende” a otro creyente en el acto de alguna falta, sino también al proceso por el que una persona es “superada” por un comportamiento (ver Prov. 5:22) que, en las mejores circunstancias, hubiera escogido evitar.

Es evidente que la probabilidad de que la falta a la que se refiere Pablo no sea deliberada por la terminología que emplea. La palabra traducida como “falta” o “pecado” (NVI), que proviene de la palabra griega paraptoma, no se refiere a un pecado deliberado sino más bien a un error, un tropiezo, o un paso en falso. Esto último tiene sentido especialmente a la luz de los comentarios anteriores de Pablo sobre andar en el Espíritu. Aunque esto no justifica de ninguna manera el error de la persona, es indudable que Pablo no se está refiriendo a un caso de pecado desafiante (1 Cor. 5:1-5).

La respuesta apropiada en tales circunstancias no debería ser el castigo, la condenación o la remoción de la membresía, sino la restauración. La palabra griega traducida como “restaurar” es katartizo y significa “enmendar” o “poner en orden”. En el Nuevo Testamento, esta palabra se usa en el contexto de “remendar” redes de pescar (Mat. 4:21), y describe el proceso de poner en su lugar un hueso roto, como término médico en la literatura griega. Del mismo modo en que no abandonaríamos a otro creyente que se cayó y se quebró el hueso de una pierna, como miembros del cuerpo de Cristo deberíamos cuidar delicadamente a nuestros hermanos y hermanas en Cristo que pueden llegar a tropezar y caer al transitar juntos en el camino hacia el reino de Dios.

 

En vez de practicar lo que dice Mateo 18:15 al 17, ¿cuál es la razón por la que tan a menudo hablamos mal de la persona con la que estamos enojados, permitimos que nuestro enojo bulla contra la persona o, incluso, planeamos alguna forma de venganza? 

CUIDADO CON LA TENTACIÓN

 

“Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre” (2 Sam. 12:7).

 

No debiéramos pasar por alto la seriedad de las palabras de Pablo en Gálatas 6:1, de cuidar nuestra vida para no caer nosotros también en tentación. Un indicador de la urgencia y de la preocupación personal detrás del consejo de Pablo puede verse en el modo en que hace su apelación. La palabra traducida “considerándote” significa literalmente “mirar detenidamente” o “prestar cuidadosa atención a” (comparar con Rom. 16:17; Fil. 2:4). Por lo tanto, lo que Pablo está diciendo es, literalmente, “mantén un ojo vigilante sobre ti mismo”, no sea que el pecado también te tome por sorpresa. Para resaltar esta advertencia, Pablo cambia de la segunda persona del plural (“vosotros”) en la primera mitad de Gálatas 6:1, a la segunda persona del singular (“tú”), en la última mitad del versículo. No se trata de una advertencia general que se aplica a la congregación como un todo; es una advertencia personal dirigida a cada persona dentro de la iglesia.

Pablo no identifica explícitamente la naturaleza de la tentación contra la que advierte tan enfáticamente a los gálatas. Quizá no tenía un solo pecado en mente, sino que simplemente se estaba refiriendo al peligro de cometer el mismo pecado, sea cual sea, del que estaban intentando restaurar al otro. Al mismo tiempo, sus palabras en Gálatas 5:26, en contra de volverse “vanagloriosos”, sugiere que está advirtiéndoles en contra de creer que de algún modo sean espiritualmente superiores a aquellos a quienes están restaurando.

 

¿Por qué Pablo debía advertir a los gálatas contra el orgullo espiritual? Considera 1 Corintios 10:12; Mateo 26:34; 2 Samuel 12:1 al 7.

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Uno de los mayores peligros de la vida cristiana es un sentimiento de orgullo espiritual que nos hace pensar que somos de alguna manera inmunes a cometer cierto tipo de pecados. El hecho es que, lamentablemente, todos tenemos la misma naturaleza pecaminosa; una naturaleza que se opone a Dios. Por lo tanto, sin el poder subyugador del Espíritu de Dios, podríamos llegar a caer en prácticamente cualquier pecado, si se dieran las circunstancias. Un reconocimiento como este de nuestra verdadera identidad fuera de Cristo puede ayudarnos a no caer en el pecado de la autojustificación, y también puede darnos mayor compasión por otras personas que cometen errores.

 

  ¿Cuántas veces has condenado a otros (incluso solo en tu corazón) por cometer pecados de los que, alguna vez, tú también fuiste culpable? 

LLEVAR LAS CARGAS

 

Además de restaurar al caído, ¿qué otras instrucciones da Pablo a los creyentes de Galacia? Gálatas 6:2 al 5; ver también Romanos 15:1; Mateo 7:12.

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La palabra griega traducida como “carga” en Gálatas 6:5 es baros. Literalmente se refería a una pesada carga que alguien debía llevar una larga distancia. Sin embargo, con el tiempo se convirtió en una metáfora para cualquier clase de problema o dificultad, como la carga de un largo día de trabajo en un día caluroso (Mat. 20:12). Mientras que el contexto inmediato de la declaración de Pablo de “sobrellevad los unos las cargas de los otros” por cierto incluye las caídas morales de los otros creyentes mencionados en el versículo anterior, el concepto de llevar las cargas que tiene en mente es mucho más amplio. Las instrucciones de Pablo revelan varios aspectos espirituales de la vida cristiana que no deberían pasarse por alto.

Primero, como lo señala Timothy George, “todos los cristianos tienen cargas. Nuestras cargas pueden diferir en tamaño y forma y también en clase dependiendo del orden providencial de nuestras vidas. Para algunos, es la carga de la tentación y las consecuencias de una caída moral, como en el versículo 1 aquí. Para otros, puede ser una enfermedad física, un desorden mental, una crisis familiar, la falta de empleo, la posesión demoníaca, o una infinidad de otras cosas; pero ningún cristiano está exento de cargas”.—Galatians, p. 413.

Segundo, Dios no desea que llevemos todas nuestras cargas solos. Desafortunadamente, a menudo estamos más dispuestos a ayudar a otros a llevar sus propias cargas que a permitir que otros nos ayuden con las nuestras. Pablo condena esta actitud de autosuficiencia (Gál. 6:3) como orgullo humano, cuando rehusamos reconocer que también tenemos necesidades y debilidades. Esa clase de orgullo no solamente nos quita el consuelo de los demás, sino que también impide que otros cumplan el ministerio que Dios los ha llamado a realizar.

Por último, Dios nos llama a llevar las cargas de otros porque el consuelo de Dios se manifiesta por medio de nuestras acciones. Este concepto está construido sobre el hecho de que la iglesia es el cuerpo de Cristo. Una ilustración de esto está en las palabras de Pablo: “Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito” (2 Cor. 7:6). Observa que “el consuelo de Dios no le fue dado a Pablo a causa de su oración privada y su espera en el Señor, sino a través del compañerismo de un amigo y por las buenas nuevas que él trajo.

“La amistad humana, en la que sobrellevamos las cargas los unos de los otros, es parte del propósito de Dios para su pueblo”. —John R. W. Stott, The Message of Galatians, p. 158.

 

¿Qué te impide buscar ayuda? ¿El orgullo, la vergüenza, la falta de confianza, un sentimiento de autosuficiencia? Si tienes necesidad, ¿por qué no buscas a alguien en quien confías y le pides que te ayude a sobrellevar tus cargas? 

LA LEY DE CRISTO

 

Pablo relaciona el hecho de sobrellevar las cargas con cumplir la ley de Cristo. ¿Qué quiere decir con “la ley de Cristo”? Gálatas 5:14; 6:2; Juan 13:34; Mateo 22:34 al 40.

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El uso que hace Pablo de la frase “la ley de Cristo” (ton nomon tou Christou) no aparece en ninguna otra parte de la Biblia, aunque él mismo usa una expresión similar en 1 Corintios 9:21 (ennomos Christou). La singularidad de esta frase dio como resultado una serie de interpretaciones diferentes. Algunos argumentan erróneamente que esto es una evidencia de que la ley de Dios dada en el Sinaí fue reemplazada por una ley diferente, la ley de Cristo. Otros afirman que la palabra ley simplemente significa un “principio” general (ver Rom. 7:21), lo que significa que al llevar las cargas de otros estamos siguiendo el ejemplo de Jesús. Mientras que esta última interpretación tiene algún mérito, el contexto y la terminología similar con Gálatas 5:14 sugieren que “cumplir la ley de Cristo” es otra referencia a cumplir la ley moral por amor. Pablo demostró anteriormente en sus cartas que la ley moral no fue anulada con la venida de Cristo, sino que la ley moral interpretada por el amor continúa jugando un papel importante en la vida cristiana. Esto es la personificación de lo que enseñó Jesús durante su ministerio terrenal, y lo que también practicó a lo largo de su vida e, incluso, en su muerte. Al llevar las cargas de otros, no solamente estamos siguiendo las pisadas de Jesús, sino que también estamos cumpliendo la ley.

Surge otro problema en estos textos: la aparente contradicción entre Gálatas 6:2 y 6:5. No obstante, este problema se resuelve fácilmente al percatamos de que Pablo está usando dos palabras diferentes para describir dos situaciones diferentes. Como ya hemos visto, la palabra para “cargas” (baros), en el versículo 2, se refiere a una carga pesada que debe llevarse una larga distancia. Sin embargo, la palabra fortion, en el versículo 5, se refiere a la carga de un barco, o a la mochila de un soldado, o incluso a un niño en el vientre. Mientras que las primeras cargas pueden dejarse a un lado, estas últimas no. Una mujer embarazada debe llevar a su propio hijo. Como lo sugiere este ejemplo, hay algunas cargas que las personas pueden ayudarnos a llevar, pero hay otras que ningún ser humano puede llevar pos nosotros, como la carga de una conciencia culpable, el sufrimiento y la muerte. Para estas, debemos depender únicamente de la ayuda de Dios (Mat. 11:28-30).

 

Mientras que con algunas cargas puedes conseguir ayuda de otras personas, otras cargas solamente puedes entregarlas al Señor. ¿Cómo puedes aprender a dar al Señor las cosas que por ti mismo simplemente no puedes llevar? 

COSECHAR Y SEMBRAR

 

En Gálatas 6:7, la palabra traducida como “burlado” (mukterizo) se presenta solamente aquí en el Nuevo Testamento, aunque aparece a menudo en la traducción griega del Antiguo Testamento. Literalmente significa “levantar la nariz con desprecio”. En el Antiguo Testamento generalmente se refiere al desprecio por los profetas de Dios (2 Crón. 36:16; Jer. 20:7), y hasta una vez se la utiliza para describir gráficamente una actitud de rebeldía hacia Dios (Eze. 8:17).

Lo que desea enfatizar Pablo es que las personas pueden ignorar a Dios o incluso desobedecer sus mandamientos, pero no pueden burlarse de Dios. Él es el juez supremo, y a fin de cuentas tendrán que pagar el precio de sus actos.

 

Lee Gálatas 6:8. ¿Qué quiere decir Pablo aquí? ¿Qué ejemplos puedes encontrar en la Biblia de personajes que sembraron para la carne o que sembraron para el Espíritu? (Ver, por ejemplo, Hech. 5:1-5; Luc. 22:3; Dan. 1:8; Mat. 4:1.)

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La metáfora de Pablo de la siembra y la cosecha no es única. Es un hecho de la vida que aparece en muchos proverbios antiguos. Sin embargo, lo importante es el sentido en que la usa Pablo para resaltar sus comentarios anteriores acerca de la carne y el Espíritu. James D. G. Dunn señala: “Un equivalente moderno es que somos libres para elegir, pero no somos libres para elegir las consecuencias de nuestras decisiones”.—Galatians, p. 330.

Aunque Dios no siempre nos libra de las consecuencias terrenales de nuestros pecados, no deberíamos dejarnos dominar por la desesperación debido a las malas decisiones que tomamos. Podemos regocijarnos en que Dios ha perdonado nuestros pecados y nos ha adoptado como hijos. Deberíamos capitalizar las oportunidades que tenemos ahora para invertir en aquellas cosas que producirán una cosecha celestial.

Gálatas 6:10, por otro lado, ilustra el hecho de que “la ética cristiana tiene un enfoque dual: uno es universal y abarcante: ‘hagamos bien a todos’; el otro es particular y específico: ‘mayormente a los de la familia de la fe’. La apelación universalista de Pablo se basaba en el hecho de que todas las personas en todo lugar fueron creadas a la imagen de Dios y por lo tanto son infinitamente preciosas a su vista. Cuando los cristianos olvidan este dato fundamental de la revelación bíblica, inevitablemente han sido víctimas de los pecados enceguecedores del racismo, el sexismo, el tribalismo, el clasismo, y mil discriminaciones más que han plagado la comunidad humana desde Adán y Eva hasta el tiempo presente”.—Timothy George, Galatians, pp. 427, 428.

 

                Siempre estamos sembrando, para bien o para mal. Obsérvate a ti mismo: ¿qué clase de cosecha piensas que tendrás?

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR: “El Espíritu de Dios mantiene el mal bajo el dominio de la conciencia. Cuando el hombre se ensalza por encima de la influencia del Espíritu, recoge una cosecha de iniquidad. Sobre un hombre tal el Espíritu tiene una influencia cada vez menor para restringirlo de sembrar semillas de desobediencia. Las advertencias tienen cada vez menos poder sobre él. Gradualmente pierde su temor de Dios. Siembra para la carne, y cosechará corrupción. Está madurando la cosecha de la semilla que él mismo ha sembrado. Desprecia los santos mandamientos de Dios. Su corazón de carne se convierte en un corazón de piedra. La resistencia a la verdad lo confirma en la iniquidad. Como los hombres sembraron semillas de maldad, la impiedad, el crimen y la violencia prevalecían en el mundo antediluviano.

“Todos deberían ser inteligentes en cuanto a la causa por la cual el alma es destruida. No se debe a algún decreto que Dios haya enviado contra el hombre. Él no hace que el hombre sea espiritualmente ciego. Dios proporciona suficiente luz y evidencias para capacitar al hombre a fin de distinguir entre la verdad y el error; pero no lo fuerza para que reciba la verdad; lo deja en libertad de elegir el bien o el mal. Si el hombre recibe la evidencia que es suficiente para guiar su juicio en la dirección correcta, y elige el mal una vez, lo hará más fácilmente la segunda vez. La tercera vez se apartará de Dios aún con mayor avidez, y elegirá estar del lado de Satanás. Y continuará en este proceder hasta que sea confirmado en el mal y crea que es verdad la mentira que ha fomentado. Su resistencia ha producido su cosecha (MS 126, 1901)”.—“Comentarios de Elena G. de White”, Comentario bíblico adventista, t. 6, p. 1112.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:

En un sentido práctico, ¿qué significa realmente “restaurar” a otro creyente que ha caído en pecado? ¿De qué manera la naturaleza del pecado cometido afecta el proceso de restauración? La restauración, ¿significa que todo será igual que antes? Explica.

Dado que hay algunas cargas que las personas deben cargar por cuenta propia (Gál. 6:5), ¿de qué manera puede determinar un creyente si debería intentar ayudar a otro?

¿Cómo está cumpliendo tu iglesia las instrucciones de Pablo en Gálatas 6? ¿Qué puedes hacer personalmente para marcar la diferencia?

Resumen: El indicador de la presencia de Dios entre su pueblo se encuentra en el espíritu cristiano que se manifiesta dentro de la iglesia. Puede apreciarse en la medida en que se imparta perdón y restauración a quienes yerran, en la forma de ayudarse mutuamente en las pruebas, y en los actos intencionales de bondad compartidos no solamente entre ellos sino también con los no creyentes.

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